lunes, 27 de diciembre de 2010

Algunos testimonios de afectados por la secta pseudo-hindú del gurú Shri Swami Shankara Tilakananda

Recogemos algunos testimonios de las víctimas de la comunidad pseudo-hinduísta, la secta Vadika Pratisthana Sangha, de la Dharma Védica de España, de la que venimos dando noticas en diferentes posts, a raiz del reportaje publicado por el periódico El País, con el nombre "De la clase de yoga a la esclavitud", que reproducimos íntegramente:


Las víctimas de la comunidad hinduista de Granada Vadika Pratisana Sangha, cuyo gurú ha sido denunciado por la fiscalía por asociación ilícita y delitos contra la integridad moral, llevan años luchando. "A mí me destrozó la vida", asegura uno de los primeros adeptos, que entró con 20 años y salió ocho después, en 1988, sin familia, trabajo, amigos ni dinero. "Aunque tenía cierto contacto con el mundo, ni sabía qué era Mecano", precisa para explicar cómo el denunciado, Antonio Javier R. P., controlaba absolutamente toda su vida. "Secuestra voluntades y su manipulación es tan grande que es prácticamente imposible penetrar en la conciencia de una persona que está dentro".

Prefiere que, de momento, no se haga público su nombre y pertenece a la asociación de víctimas constituida este año. Ahora está casado, vive en Algeciras (Cádiz), y tiene dos hijos. Es uno de los que ya denunció el caso, junto a otros tres afectados en Valencia, en 1989. Entró en contacto con el maestro por sus problemas con los estudios. Supuestamente, el denunciado le iba a ayudar a superarlos, aunque él, en realidad, le ayudó, sin saberlo, "a montar parte del tinglado". Gestionó la puesta en marcha de Casa Yoga, en Armilla (Granada), donde luego vivió como monje, hacía labores de mantenimiento y trabajaba sin descanso. "Dormía tres o cuatro horas, y un día a la semana, nada de nada. Eso mina la voluntad de cualquiera, era un zombi". Cuando estaba dentro pesaba 48 kilos pese a medir 1,70.

A raíz de los pocos contactos que tenía fuera de la casa, pasados cinco años empezó a ver "la realidad". Sus dudas hicieron que el gurú le "invitara" a casarse con una de las integrantes de la comunidad, que todavía está dentro. "Lo hizo para manipularme más". Tres años después logró salir. "Sentía vergüenza por lo que me había pasado. No veía futuro, no tenía dinero, pero poco a poco vi que había algo más. Salir fue como un suicidio, crees que lo que él dicta es la única forma posible de actuar", explica. Le costó años recuperar la seguridad, la conciencia plena y la salud física. "Quítale las horas de sueño a una persona y dale una dieta pobre, verás qué fácil es de manipular".

Hay más casos, como el del ingeniero Lisardo Sánchez que, aunque no llegó a fijar su residencia en la casa de Armilla, porque trabaja en Madrid, pasaba allí los fines de semana y vacaciones, hasta 2008. "Tenía una relación muy estrecha con él, creé una empresa y he perdido 300.000 euros". Mantiene un pleito por eso.

Desde comienzos de los ochenta, cuando empezó la actividad de la casa, se han puesto algunas denuncias, pero ha sido este año cuando familiares de afectados han ido al defensor del ciudadano de Granada, Melchor Saiz-Pardo, quien llevó el caso a la fiscalía. Así, se inició una investigación en junio que ahora ha concluido con una denuncia contra el gurú por asociación ilícita y delitos contra la integridad moral. La Fiscalía de Granada ha detectado 22 afectados, pero la asociación dice que son muchos más, en todo el país.

Puede resultar difícil de creer que personas con formación, de distintas edades y procedencia sacrifiquen su vida por los intereses de un supuesto maestro, pero lo cierto es que cualquiera en un momento de debilidad puede ser "esclavizado", dice el autor del informe psicológico que ha evaluado en el último año a 16 ex adeptos, José Miguel Cuevas, profesor de la Universidad de Málaga, experto en sectas explica que "los cambios de conducta son muy sutiles y largos en el tiempo" y que las técnicas de control empleadas logran "someter totalmente al individuo; solo vale el pensamiento del grupo". El maestro hace creer a sus acólitos que les "ha salvado la vida" y de ahí que le sirvan con trabajo continuo, recompensa económica e incluso favores sexuales, en el caso de adeptas. También "ha inducido a algunas a mantener relaciones lésbicas en su presencia", relata la fiscal.

Pero, ¿cómo comienza el contacto? La cultura y religión hindú constituyen el principal reclamo. Sánchez, como muchos otros, acudió a una asesoría vital. Las clases de yoga, conocer una cultura milenaria, vivir en una comunidad espiritual, viajar a India para "conocerla de verdad", cursos sobre alimentación saludable o cómo hablar en público son sus "cartas de presentación".

Un cuestionario sobre profesión, ingresos, inquietudes, etcétera, y un seguimiento le ayudan a decidir. Usa "técnicas de persuasión coercitiva en el grupo" y logra controlar y alterar la personalidad de quienes forman parte de la comunidad. Pablo Ibáñez es uno de los familiares afectados. Su hermana, que trabaja en la universidad, vive en Casa Yoga. Como sostiene el resto de adeptos, lo hace "por voluntad propia, como adulta que es y con todo el derecho a tener sus creencias religiosas", cuenta su familia, que apenas la ve. "Los de fuera son ignorantes y lo que no entiendes al principio, te dicen que ya lo comprenderás. Lo integras todo como algo normal", explica Sánchez.

Los estudiantes universitarios, atraídos por las clases de yoga, son parte fundamental de su particular cantera. Una de las chicas que pasó por Casa Yoga recuerda que llegó "a pensar que era una mala persona si no hacía lo que le decía". La mayoría de los que han salido han necesitado tratamiento. Ella tampoco quiere que trascienda su nombre. "Yo tenía depresión y él me fue conociendo hasta que me manejó", cuenta.

Contratos de esclavitud, una comida vegetariana al día, tres o cuatro horas de sueño, actividad frenética, humillaciones públicas, insultos y aislamiento generan "miedo a dejar el grupo" y dan al gurú, según la denuncia, "numerosos beneficios de carácter personal, sexual y económico". La asociación para la prevención de manipulación sectaria, RedUNE, confía en que la denuncia sirva de revulsivo en la lucha contra estos grupos. Se va a personar como acusación popular en la investigación que seguirá un juzgado.

Interés económico

El nombre védico del líder Antonio Javier R. P., de 51 años, es Shri Swami Shankara Tilakananda y se formó, según la asociación, en India bajo la tutela de otro monje hindú hasta que, en 1978, se convirtió en monje-maestro. Su objetivo, sostienen, es difundir y fomentar las sabidurías de los vedas (libros sagrados que constituyen el fundamento de la tradición religiosa de India) y su tradición milenaria. A juicio de la Fiscalía de Granada, hay un claro interés económico.

Sus métodos le permiten disponer de los bienes de sus discípulos. Ha conseguido que se desprendan, mediante la venta, de muchos de ellos. Y la finalidad es "integrarlo a su propio patrimonio o de testaferros", ya que hay transmisiones efectuadas a las cuentas de titularidad de su madre. Actualmente, hay pendientes transmisiones de inmuebles que pueden producirse "en breve".

No se han hecho públicos sus bienes, pero el maestro, del que aseguran que es "un comprador compulsivo, contaba en julio con cinco coches y cuatro motos de gran cilindrada". Además, tiene cuentas en 10 entidades financieras españolas y relaciones con bancos de India. "En una empresa empezó a cobrar 300 euros y pasó a 6.300 mensuales por poner su energía", argumenta un ex socio.

Un instructor de yoga "captado" en un curso de verano ni veía los 1.000 euros de sueldo que le correspondían por dar clases y, además, acumulaba una deuda cada mes de unos 600 euros. Y siempre tenía que limpiar.

Fuente: El País